CALAMIDAD EN RUTA MIGRATORIA DESDE HONDURAS PRECISA DE UNA RESPUESTA INTERNACIONAL

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Por: Ana Fondo

Ginebra, 22 de septiembre.– “Solo pedimos justicia a las autoridades, que esto no se olvide… deben respetarse los derechos de los migrantes, porque nuestros familiares no eran delincuentes, solo buscaban una nueva oportunidad”. Norma Suazo, integrante del Comité de Familiares de Migrantes desaparecidos en Honduras, perdió a su hijo menor hace tres años cuando éste cruzaba la ruta migratoria en dirección a Estados Unidos.

Como ella, decenas de familias piden respuesta ante las violaciones de derechos humanos que tienen lugar en el fatídico recorrido al norte, donde cada año miles de hombres y mujeres sufren violencia, tortura, violaciones sexuales, desapariciones forzadas y todo tipo de atrocidades y vejámenes, en su búsqueda hacia una supuesta mejor vida.

Las organizaciones no gubernamentales y eclesiásticas que se encuentran cercanas a la ruta migratoria son las únicas instituciones que intentan ayudar a estas personas, quienes no tienen otra opción para seguir viviendo que salir del país.

Los países que integran el denominado Triángulo Norte de Centroamérica –Guatemala, Honduras y El Salvador–, atraviesan por unas de las crisis de inseguridad más severas de su historia, provocadas por fenómenos como la criminalidad organizada, principalmente el narcotráfico y la trata de personas, las maras o pandillas juveniles y la delincuencia común.

Sin duda alguna, la inseguridad constituye una de las principales causas que empuja a decenas de miles personas a abandonar sus lugares de habitación. Honduras, por ejemplo, es el país que registra la mayor tasa de homicidios en el mundo, que alcanza 103,9 muertes violentas por cada 100 mil habitantes. Esta cifra es descomunal si se toma en consideración que el promedio mundial es de 6 homicidios por cada 100 mil habitantes.

Con el fin de visibilizar el problema complejo de la migración y aportar a la búsqueda de soluciones, una delegación de organizaciones que trabajan en la región se desplazó a la sede de Naciones Unidas, en Ginebra, para dar a conocer, en el marco de la trigésima sesión del Consejo de Derechos Humanos, los principales hallazgos de una misión de verificación que estas organizaciones convocaron para analizar a profundidad las causas y efectos de la migración en Honduras

Esta misión tuvo lugar del 13 al 17 de julio del 2015 y estuvo conformada por los expertos Lisa Haugaard, Amalia D. Garcia Medina, Marcela Ceballos Median, Monseñor Álvaro Ramazzini, la hermana Leticia Gutiérrez, el padre Juan Carbajal y Patricia Montes.

Panorama tuvo la ocasión de dialogar con los representantes de las organizaciones que viajaron a Ginebra y explorar algunas de sus principales preocupaciones.

Búsqueda de oportunidades

Para los miles de hondureños que se marchan de su país “emigrar no es una elección, es un ‘tengo que salir o si no me matan’”, afirmó Juan Carbajal, secretario ejecutivo de la Pastoral de Movilidad Humana, de la Conferencia Episcopal de Guatemala.

Sacerdote Juan Carbajal, secretario ejecutivo de la Pastoral de Movilidad Humana, de la Conferencia Episcopal de Guatemala, en su intervención durante un evento al margen del Consejo de Derechos Humanos de la ONU.

Aunque la hermana Lidia Mara, representante de la Coordinadora Nacional de Movilidad Humana- plataforma hondureña que vela por la situación de los migrantes, principalmente de los que retornan-, acota que la inseguridad alimentaria también es una de las causales de la migración, en la medida en que el 75% de la población en Honduras está afectada por este flagelo.

Los desplazamientos, por consiguiente, tienen rostro de miedo, pobreza y hambre. Según explica Mara, esta situación de vulnerabilidad se agrava por la precariedad de los empleos, los sueldos miserables y la falta de oportunidades.

“Son países –en referencia al Triángulo Norte– que no garantizan el cubrimiento de los derechos básicos –alimentación, vivienda, salud, trabajo, derecho a la familia–, son padres y madres que salen del país para supuestamente garantizar una vida libre a su familia y luego los hijos intentan escapar igualmente porque no pueden vivir sin recursos”, lamentó la hermana.

Ante esta situación, miles de hondureños, al igual que guatemaltecos y salvadoreños, abandonan sus hogares para buscar soluciones, ya sea dentro del propio territorio, o en muchos casos fuera de sus fronteras. Durante su trayecto a un supuesto país de oportunidades, como se piensa en Estados Unidos, se enfrentan a múltiples riesgos y sufren todo tipo de vejámenes.

“Muchos de ellos son secuestrados o capturados por grupos violentos (crimen organizado), las mujeres son violadas al menos una vez durante el camino, un alto número de migrantes desaparece, y otros tantos sufren mutilaciones en su intento de subirse a un tren que les permitirá escapar”, relató Mayra Alarcón, directora de Consejería en Proyectos (Project Councelling Service –PCS) para Centroamérica y México, una de las organizaciones regionales convocantes de la misión de verificación que visitó Honduras.

La ruta hacia el norte

No se conocen cifras oficiales, ni el número exacto de desparecidos durante el trayecto hacia México y Estados Unidos. “No hay mecanismos de recepción de quejas o denuncias de desaparecidos, ni tampoco de búsqueda, sobre todo en México”, explica Lidia Mara al hacer énfasis en la magnitud insospechada del tránsito ilegal. Solo existen esfuerzos de organizaciones a lo largo de la ruta, también en México, que han venido a echar una mano a las madres centroamericanas”, explica la religiosa de origen brasileño que trabaja en Honduras.

Las denominadas casas de los migrantes, que operan en Guatemala y en algunos puntos estratégicos del territorio mexicano, sobre todo fronterizos, son las pocas instituciones que proveen información sobre el flujo migratorio, y también quienes registran muchos de los abusos a los que son sometidos durante el recorrido.

La política institucional frente al fenómeno ha sido la represión. A lo largo del trayecto las autoridades fronterizas y las fuerzas de seguridad reprimen de múltiples formas el paso por los países. Y a pesar de todas las calamidades a las que se enfrentan, quienes consiguen llegar a su destino corren el riesgo de ser devueltos rápidamente a su país una vez que son descubiertos.

“Los peores son los que regresan de México”, explicó Lidia Mara, al recordar que por año la cifra de deportaciones asciende a cinco mil personas. “Se enfrentan a una falta de protección total… las autoridades del gobierno saben sobre este problema, la cooperación internacional ha intentado algo pero no se ha logrado detenerlo, nadie hace nada para evitarlo”, añadió.

“Honduras es el país de Centroamérica que más deportaciones recibe, y en peores condiciones. Hasta un 85 % de las personas en los albergues de México son hondureños”, lamentó la hermana Mara.

Otro aspecto problemático que se suma a los vejámenes, es la negativa de las autoridades a considerar la migración desde la perspectiva de refugio a causa de la violencia. “Hay reticencia a otorgar la condición de refugiado a personas hondureñas que dicen abiertamente que están siendo perseguidas, o tienen temor fundado de volver al país… no se entiende por parte de las autoridades o no se quieren atender los casos”, enfatizó Sergio Blanco, delegado de PCS que sigue la problemática de la migración.

El círculo de calamidades se cierra cuando los migrantes son deportados a sus países de origen. Los problemas que originaron su partida siguen presentes, la vida no ha cambiado para ellos. Es más, regresan a una situación aún más adversa, puesto que para salir han tenido que vender sus pertenencias o endeudarse y lo han perdido todo. También retornan, en muchos casos, con traumas físicos y psicológicos. Sin embargo “no existen programas de reinserción y de protección a los migrantes que retornan… Honduras no tiene ni un solo centro de protección a personas desplazadas”, relató afligida la hermana Lidia Mara.

Es un problema real, no cifras

Centenares de familias pierden a sus seres queridos año tras año. Una de ellas es Norma Suazo, integrante del Comité de Familias de migrantes desaparecidos y madre hondureña, que perdió a su hijo menor, Fabricio Anael Suazo, en una masacre donde fueron asesinadas 49 personas la madrugada del 13 de mayo de 2012 en el municipio de Caderayta, Nuevo León, México. Los cuerpos, en su mayoría, estaban mutilados y mostraban señales de tortura.

Norma Suazo, del Comité de Familias de migrantes desaparecidos, durante su intervención en evento en la sede de Naciones Unidas en Ginebra.

El proceso de identificación de los cadáveres tuvo que llevarse a cabo en Ciudad de México, de manera lenta y tortuosa. La familia Suazo pudo recuperar los restos de Fabricio 27 meses después y darle sepultura en su país. “Fue un largo proceso porque tuvieron que exhumar los cadáveres y traerlos hasta su lugar de origen”, relató la madre.

Con las palabras más sinceras de alguien que clama respuestas, nos explicó: “Mi hijo se fue con el objetivo de darme a mí una mejor vida en mis últimos años, pero no lo logró, por eso yo ahora pido justicia y que se castiguen a las personas. Necesito saber un porqué y quién hizo esto.”

A pesar de todo ello, esta familia fue afortunada al poder recuperar el cadáver de su hijo, si cabe la expresión. Muchas otras ni siquiera saben si sus familiares fueron asesinados o si simplemente permanecen en paradero desconocido. No existen mecanismos de búsqueda por parte de las instituciones nacionales para localizar a los desaparecidos; de hecho, no hay bases de datos unificadas entre los países que conforman la ruta migratoria para registrar con solidez el paso de los ciudadanos que transitan hacia el norte.

De acuerdo con las organizaciones no gubernamentales, es urgente buscar una solución al fenómeno migratorio creciente, pero desde un enfoque distinto al de la represión, la militarización, la captura y el retorno.

Parte importante en la búsqueda de soluciones es visibilizar la magnitud del problema. “Vinimos a Ginebra a compartir todo lo que hemos averiguado a raíz de este informe, para que no se olvide que hay grandes violaciones de los derechos humanos en el Triángulo Norte de Centroamérica”, justificó Juan Luis Carbajal.

“Allí también hay refugiados aunque no lo quieran ver”, afirmó el sacerdote en clara alusión a la concentración de la atención mundial en el fenómeno migratorio proveniente de países como Siria, cuyo flujo ha empezado a tocar las puertas de Europa de manera insistente.

Se necesita “colocar este tema en el debate internacional, ante lo que está ocurriendo en la ruta migratoria… son graves las violaciones a los derechos humanos vividas por los migrantes, la situación de desplazamiento forzado y la obligación de los Estados de la región debe ser constante para garantizar la protección de estos derechos”, señaló Mayra Alarcón.

Uno de los hallazgos principales de la misión de verificación tras su visita a Honduras “es la ausencia de mecanismos y capacidades de identificar a los individuos que necesitan asilo, de informarlos adecuadamente, y también una falta de acceso al derecho de protección internacional”, explicó Sergio Blanco.

“Se habla de los planes para erradicar o reducir la migración ilegal y todos responden con el cierre o militarización de las fronteras, con un enfoque de seguridad: más patrullas, más control, más bordes… esto no ayuda”, reiteró Carbajal con una expresión de desolación y preocupación en su rostro.

En Honduras existe una ley de protección a migrantes y sus familias, la cual provee un fondo para la asistencia, pero, según afirma la hermana Mara, “hasta el momento no se está haciendo efectiva esta garantía y la preocupación persiste porque las causas (de la migración) están, pero no se ven ninguna intervención por parte del gobierno para erradicarlas”. “No hay derecho a la falta de acción de los gobiernos, tanto el hondureño como el mexicano”.

Medidas urgentes

La delegación que viajó a Ginebra se reunió con un conjunto de mecanismos y procedimientos de derechos humanos de la ONU, y con otros organismos internacionales, como el Comité Internacional de la Cruz Roja o el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR) con el fin de presentar los principales hallazgos y recomendaciones de la misión internacional que llevaron a cabo.

Con carácter prioritario solicitaron la creación de un mecanismo transnacional regional que involucre a los gobiernos de México y Centroamérica, para la localización, búsqueda y repatriación de los migrantes desaparecidos.

También insistieron en la urgente necesidad de que se agilicen los trámites para que se instale en Honduras una sede de la Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH), proceso que está en marcha “tras una larga espera”. “No deben olvidar la promesa de la creación de una Oficina, que incluya en su plan de trabajo documentar los casos de desplazamiento y migraciones forzadas, y brindar asistencia técnica a las entidades gubernamentales para facilitar el proceso”, afirmó Mayra Alarcón.

Además pidieron una mayor presencia de ACNUR en la región centroamericana y en México. “Se necesitan más puestos temporales para la asistencia y aumentar en número de personal”, indicaron.

Al Estado hondureño, en concreto, le solicitaron implementar políticas para enfrentar las condiciones de pobreza, ampliar y fortalecer el trabajo de la red consular en el extranjero, mediante asignación de recursos financieros, y mejorar los programas de atención a la niñez.

Por otro último, en el informe que elaboraron insisten en la necesaria cooperación de Estados Unidos, México y todos los gobiernos de la región para que se cree un mecanismo de protección internacional para la población migrante.

Ver original: http://panorama.ridh.org/calamidad-en-ruta-migratoria-desde-honduras-precisa-de-una-respuesta-internacional/

MENSAJE DE LA SUBCOMISION DE MOVILIDAD HUMANA, COMISION EPISCOPAL DE JUSTICIA Y SOLIDARIDAD, CONFERENCIA EPISCOPAL DE GUATEMALA

 

UNA IGLESIA SIN FRONTERAS, MADRE DE TODOS

La celebración anual del Día Nacional de las personas Migrantes y Refugiadas, tiene como tema central UNA IGLESIA SIN FRONTERAS, MADRE DE TODOS, en comunión con el Mensaje del Santo Padre Francisco para la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado 2015. Como Iglesia Católica de Guatemala y de la región Norte y Centroamérica, por décadas hemos celebrado el Día Nacional de las Personas Migrantes y Refugiadas. Este año no es la excepción y nuevamente motivamos a los estimados hermanos Arzobispos y Obispos, Sacerdotes, Religiosas y Religiosos, Catequistas, Laicos y Laicas comprometidos con el servicio Pastoral y con el anuncio de la Buena Nueva de Jesús, y a los hermanos y hermanas representantes de otras denominaciones religiosas, para que hagamos nuestras las palabras y exhortaciones del Santo Padre Francisco en favor de la comunidad Migrante y Refugiada.

El Papa Francisco reafirma en su Mensaje que, Jesús es el evangelizador por excelencia. Su solicitud especial por los más vulnerables y excluidos nos invita a todos y todas a cuidar a las personas más frágiles y a reconocer su rostro sufriente, sobre todo en las víctimas de las nuevas formas de pobreza y esclavitud1. Las personas migrantes (Niños, Niñas, Adolescentes, jóvenes; mujeres, víctimas de Trata y Tráfico de Personas, Trabajadores Agrícolas de temporada,) y refugiadas, como víctimas de la pobreza y de las nuevas formas de esclavitud, se enfrentan a un sistema migratorio hostil, perseguidor, castigador, y a un ambiente nada alentador en su deseo de buscar alternativas de vida en otros países, porque en el país natal se les ha negado vivir en condiciones mínimas de dignidad a ellos y sus familiares, por la ausencia de una práctica eficiente del bien común y del respeto a los derechos básicos como el Derecho al Trabajo, a la seguridad, a la Salud, etc.

Vemos con preocupación que los gobiernos de la región que involucran la emigración de personas (origen, tránsito, destino, retorno) no están asumiendo su rol con responsabilidad, al no incorporar en sus diálogos y estrategias, acciones que promuevan la seguridad humana para el migrante, lo cual pone en riesgo cada vez más su integridad y dignidad. Actualmente, el contexto y las realidades migratorias en la región, están demandando un abordaje integral de las migraciones, en el que el centro de las políticas sea las personas migrantes, solicitantes de Asilo, Refugiadas, apátridas, Victimas de Trata y Trafico, Trabajadores Agrícolas de temporada, mujeres, Niños, Niñas y Adolescentes.

Persiste nuestra demanda porque los países armonicen sus marcos normativos a nivel nacional, con estándares que integren los derechos humanos y los tratados e instrumentos internacionales ratificados, principalmente la Convención Internacional sobre la Protección de los Derechos de todos los Trabajadores Migratorios y de sus Familiares.

Un apropiado abordaje de la movilidad humana en todas sus aristas sigue siendo un reto. Los principios de fraternidad, solidaridad y hospitalidad han de marcar la ruta, para avanzar en temas de Derechos Humanos y protección a las personas migrantes y Refugiadas. Por ello, se hace necesario que en las migraciones sean visibilizadas todas las poblaciones en movilidad y que éstas sean reconocidas y tratadas como sujetas de derechos, independientemente de su situación y condición migratoria, así como reconocer los aportes de las personas en movilidad al desarrollo de los países y la región.

Recientemente, la Sección de Movilidad Humana de la Conferencia Episcopal de Guatemala, y Organizaciones Sociales, representadas en la Red Regional de Organizaciones Civiles para las Migraciones 2, manifestamos nuestras preocupaciones y demandas en temas tan importantes como Asilo y Apatridia; y al respecto, consideramos que es necesario garantizar el acceso al procedimiento para el reconocimiento de la condición de refugiado, en un contexto de alta violencia tal como se vive en El Salvador, Honduras y Guatemala, así como dar resoluciones rápidas a las solicitudes de protección internacional, dando cumplimiento a los plazos establecidos en la Ley. Trata y Tráfico de Personas, se hace necesario garantizar el principio de no devolución, así como la atención, protección e integración, y el acceso a la justicia y la reparación integral del daño a las víctimas de estos delitos. Respecto a la Protección Consular: Es urgente el fortalecimiento en formación, recursos humanos y financieros que permitan la verdadera protección consular de las personas migrantes y sus familiares.

Preocupan también, vacíos, abordajes inadecuados en otros temas importantes como: la Integración y la reinserción de las personas migrantes: Las personas y familias migrantes requieren de mayores oportunidades, políticas y programas encaminados a su integración local. De igual forma, el aumento significativo de personas y familias que están retornando a sus países de origen de manera voluntaria y no voluntaria, demandan una acción conjunta entre los países que deportan y los países receptores. Es necesario también que se incluyan a las personas refugiadas en los programas de integración, ya que existe una ausencia de políticas públicas de Estado para que las personas refugiadas puedan hacer efectivos sus derechos. Niñez y Adolescencia Migrante. Se debe garantizar el interés superior del niño en los procesos migratorios, eso incluye la determinación de su tutor. La niñez y adolescencia migrante no debe ser detenida, sino canalizada de forma inmediata hacia los sistemas de protección a la infancia. La repatriación no deber ser la medida sistemática. Es necesario fortalecer a los consulados para que sean capaces de identificar perfiles de niños, niñas y adolescentes con necesidades de atención y protección. Preocupa así mismo la permanencia de menores no acompañados en Estados Unidos en lugares no adecuados a su condición.

Queremos llamar la atención sobre algunos aspectos particulares:

a) La Regularización Migratoria: Se reconocen esfuerzos de algunos gobiernos en la implementación de procesos de regularización migratoria, sin embargo estos no necesariamente son accesibles a la población migrante por sus altos costos, requisitos extensos e inaccesibles, entre otros. Los procesos de regularización migratoria no son acordes a los perfiles de la población migrante.

b) La Seguridad y la criminalización: El incremento de la violencia en México, Guatemala, El Salvador y Honduras afecta directamente a las personas en movilidad humana y sus comunidades, no solo como causa de migración forzada sino porque se convierten en víctimas de delitos en tránsito o destino. Instamos a los Estados a promover acciones desde un enfoque de seguridad humana, ya que las personas están migrando en condiciones de desprotección.

Respecto al Plan de la Alianza para la Prosperidad: solicitamos a los Estados incorporar dentro de este Plan cláusulas de Derechos Humanos y escuchar y tomar en cuenta a las organizaciones sociales, así como la generación de mecanismos de monitoreo y evaluación de tal iniciativa.

Para promover el mandato de Nuestro Señor Jesucristo, de ser reconocido en los migrantes y en los desplazados, en los refugiados y en los exiliados, exhortamos a todas las personas de buena voluntad a incluir en la oración y la solidaridad a nuestros hermanos y hermanas migrantes y refugiadas. Con Ocasión del Día Nacional de las Personas Migrantes y Refugiadas, hacemos un llamado a nuestras comunidades eclesiales, a que no nos gane la desconfianza, la apatía, la indiferencia y falta de solidaridad para nuestros hermanos y hermanas migrantes; a conocer los verdaderos motivos y circunstancias de persecución o de miseria de estas personas afectadas que llegan a nuestras comunidades. A acoger con respeto y solidaridad al extranjero necesitado, como bien lo expone el Santo Padre Francisco en su Mensaje por la Jornada Mundial del Emigrante y Refugiado 2015

Hacemos un llamado para:

1. Celebrar desde nuestra realidad, el Día Nacional de las Personas Migrantes y Refugiadas, a la luz de la fe y la caridad.
2. Hacer que la celebración del Día Nacional de las personas Migrantes y Refugiadas, sea una acción significativa en cada Arquidiócesis, Diócesis, Vicariatos, Parroquias y Comunidades Eclesiales.

3. Promover en el marco de esta conmemoración, acciones concretas de solidaridad y ayuda como lo son: la Recaudación de víveres, ropa, calzado y el aporte económico.

Que el Amor de la Sagrada Familia (Jesús, María y José), acompañe el caminar esperanzado de cada persona migrante y su familia, nos bendiga y anime a todos y todas.

Sección de Movilidad Humana, Comisión Episcopal de Justicia y Solidaridad Conferencia Episcopal de Guatemala.

Guatemala de la Asunción, agosto de 2015.

1 Mensaje del Santo Padre Francisco para la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado 2015. Diciembre 03 2014.

2 DOCUMENTO: “Aportes de la red Regional de Organizaciones Civiles para las Migraciones RROCM, y organizaciones de la sociedad civil ante el Diálogo del Grupo Regional de Consulta sobre Migración en el marco de la XX Conferencia Regional sobre Migración (CRM), 16 de Julio 2015, México D.F.