Caso Anastasio Hernández Rojas.

Este 28 de mayo se van a cumplir dos años de la muerte a mano de unos veinte agentes de seguridad fronteriza de Anastasio Hernández Rojas, un hermano migrante quien además de ver frustrado su sueño americano no logró completar su proceso de repatriación.

Eran las 9:00 de la noche de un viernes cuando en uno de los cotidianos viajes de los buses que transportan grupos de migrantes deportados de los estados unidos se acercaba a la frontera San Ysidro y Tijuana:

Anastasio, quien supuestamente llegaría a México, intentó correr por rehusarse a perder sus años de sacrificio de su trabajo además de alejarse de sus cinco hijos dos hembras de 18 y 20 una adolescente de once sus gemelos de cuatro años y su esposa. La historia que nosotros conocemos sobre los migrantes es que buscan el famoso sueño americano y que por no calificar para obtener una visa legal, dejan todo para emprender un viaje a lo desconocido que implica riesgos, que muchas veces termina con la muerte. Hecho que los convierte en indocumentados, con apellido de ilegales por lo que la sociedad les asocia con delincuencia y maldad; especialmente en una sociedad tan apegada a cumplir las leyes y cuidar de los derechos humanos como son los estadounidenses.

Por esta xenofobia que existe a diario se realizan, en el afán del cumplimiento del orden social, múltiples arrestos de personas que no poseen documentos de identidad, quienes después de una serie de procesos legales son deportados a sus respectivos países. La justicia debe ser hecha, y no dejar pasar faltas así parezcan menores, como el caso de un joven de unos veinte años de edad que llego a la Casa del Migrante en Tijuana después de haber sido acusado por la corte que lo juzgó como criminal por haber golpeado un perro.

El caso de Anastasio no lo llegamos a conocer, pues irónicamente, no tuvo la suerte de llegar a ser deportado. Nadie puede predecir el reaccionar de un ser humano ,menos de alguien que se ve privado de su libertad, y que solo cuenta con sus pensamientos, los que van pasando como una película recordando esfuerzos, sacrificios, superación económica, afectos y amores que se van dejando en un abrir y cerrar de ojos.

Anastasio se resistió al arresto y al tratar de correr como una reacción natural de un ser vivo, que instintivamente buscan la sobrevivencia, fue atacado por un grupo de agentes fronterizos que según transeúntes que pretendían cruzar la frontera y presenciaron el hecho declararan fueron unos veinte agentes, que dejaron descargar toda su furia, en contra de nuestro hermano migrante, quienes patearon y golpearon hasta dejarlo inconsciente. Pero no fueron suficientes las patadas e hicieron uso de una pistola eléctrica que con sus múltiples descargas dejó a Anastasio inmóvil.

Francisco Javier Reynoso, delegado regional del Instituto Nacional de Migración de Baja California, declaró en su momento que el cuerpo de Anastasio nunca cruzó la frontera, ya que existe un arreglo con las propias autoridades norteamericanas que los migrantes tienen que ser entregados en un estado de buena salud y sin actos de violencia.

A pesar que el delegado del INAMI hizo público la existencia de dos testigos del hecho, se dijo no habían pruebas suficientes, algo irónico porque el hecho sucedió en una zona federal en la que se asume en este siglo de la tecnología, está debidamente controlada con cámaras que grabaran lo ocurrido lo cual no fue de mucha ayuda para aclarar el atentado, pues se dijo que la única cámara existente no funcionaba en ese momento.

El diagnostico medico fue muerte cerebral, Anastasio sufrió un ataque cardiaco y no se supo a ciencia cierta que lo provocó, eso se dijo en el hospital de San Diego al cual fue trasladado después de la paliza. La familia es la base de toda sociedad, las leyes deben de cumplirse, pero cual ley protege a las familias que no poseen los recursos mínimos para vivir y que tienen que separarse, quien consuela a las madres, esposas, e hijos que no verán mas a sus seres queridos que les apoyaban….

POR :IVONNE CACERES