DISCURSO OBISPO MARK SEITZ EN DIALOGO

 

Discurso del Obispo Mark Seitz Conferencia Episcopal de Estados Unidos

19 de noviembre de 2013

Me gustaría darles las gracias a los participantes del Diálogo de Alto Nivel sobre la Migración por invitarme a hablar aquí hoy.

La reforma de las leyes migratorias de Estados Unidos ha sido una prioridad de los obispos católicos de EE. UU. durante muchos años.   Hace 10 años los obispos de EE. UU y de México publicaron una carta pastoral titulada, Juntos en el Camino de la Esperanza: Ya No Somos Extranjeros, la cual pedía una reforma de las leyes migratorias estadounidenses y mexicanas, y exponía principios sobre los que debería basarse dicha reforma.   Desde entonces, y también muchas décadas antes, los obispos de EE. UU. han abogado por cambios en la legislación migratoria en el país.

En estos momentos los ciudadanos de EE. UU. y el Congreso participan de un debate sobre la inmigración a Estados Unidos y cómo nuestro país debería cambiar la legislación migratoria que la rige.   Los obispos católicos de EE. UU. han sumado su voz al debate y han tenido influencia en dicho proceso.   Nuestro argumento moral básico ha sido señalar el sufrimiento de los inmigrantes bajo el sistema migratorio actual: la separación de las familias, la explotación de los trabajadores migrantes y las muertes de migrantes en el desierto estadounidense.   Además, hemos explicado que Estados Unidos no puede aceptar moralmente el trabajo y los impuestos de las personas indocumentadas sin concederles la protección de la ley.   Los inmigrantes, independientemente de su situación legal, tienen una dignidad y derechos intrínsecos que no pueden ser violados.

Al presentar estos argumentos, hemos abogado por 1) un proceso mediante el cual los 11 millones de indocumentados puedan obtener la ciudadanía; 2) políticas que garanticen que las familias se reúnan de manera rápida; 3) un programa que permita que los trabajadores con poca experiencia laboral ingresen de manera legal y segura para trabajar; 4) plenos derechos de proceso justo en el sistema judicial para los inmigrantes; 5) políticas que solucionen las causas profundas, o factores que ocasionan la migración irregular, como el desarrollo económico sostenido y 6) protecciones para los refugiados, para quienes buscan asilo y para los niños que emigran sin sus padres.

Permítanme hablar más específicamente sobre algunos de estos principios.   Ustedes ya saben que el asunto más controversial en el debate sobre inmigración a EE.UU. es la cuestión de conceder estado legal y posible ciudadanía a migrantes que han entrado al país sin documentos.   Hay mucha emoción en torno a este tema, ya que algunos estadounidenses creen que, en sus propia palabras, se trata de premiar a “infractores de la ley”. Lo llaman amnistía, palabra que se ha convertido en un término de división en el debate.   Por nuestra parte, los obispos de Estados Unidos y otros hemos argumentado que un camino a la ciudadanía, que otorgue estado legal a los inmigrantes de inmediato y les permita obtener su ciudadanía después de varios años, sería bueno para Estados Unidos porque 1) permitiría a las personas salir de las sombras y contribuir plenamente a la nación; 2 ) aseguraría que todos sigan las mismas reglas para acceder a los puestos de trabajo y el pago de impuestos, y 3 ) agregaría más seguridad , ya que se podría identificar a los que están en el país para trabajar y los que quizás estén en el país para hacer daño.

Estos son argumentos para convencer al Congreso y al público estadounidense de los beneficios de un camino hacia la ciudadanía. Por supuesto, también señalamos los beneficios humanitarios de un camino a la ciudadanía, tales como proteger a las familias de la deportación y la separación, la unificación de las comunidades de inmigrantes con el país y la reducción del miedo en dichas comunidades, y la posibilidad para los padres de mantener mejor a sus hijos.  Los obispos de Estados Unidos no apoyarían un proyecto de ley de reforma migratoria sin un componente de legalización.

También abogamos para que las familias se puedan reunir con más rapidez mediante el sistema de inmigración legal, un proceso que actualmente toma años en completarse.   Si se permite a las familias reunirse de manera legal más rápidamente se evitaría que los niños y los cónyuges hagan el peligroso viaje hacia el norte.   También estamos abogando por un programa generoso para que los trabajadores con pocas cualificaciones puedan emigrar legalmente y sin peligro para trabajar en Estados Unidos.

Por último, en colaboración con Catholic Relief Services, abogamos para que el Congreso examine los factores o las causas profundas que ocasionan la migración, y elaboren estrategias para combatir esas raíces profundas por medio del desarrollo económico sostenible.   Esto permitiría a las personas a permanecer en sus países de origen y mantengan a sus familias con dignidad.

Para lograr estos objetivos, parte de nuestra labor de promoción ha fomentado la organización de los católicos en Estados Unidos para que apoyen una reforma migratoria coherente con los principios de los obispos de EE. UU.   En 2005, los obispos de EE. UU lanzaron la campaña Justicia para los Inmigrantes para informar a los católicos sobre el tema.  Tengo el orgullo de decirles que unas 150 diócesis en Estados Unidos y más de 50,000 católicos forman parte de esta campaña.

Me complace informarles que estamos progresando, ya que el Senado de EE. UU. aprobó un amplio proyecto de reforma migratoria en junio.  Esta legislación contenía muchos elementos apoyados por los obispos de EE. UU.  La legislación por supuesto no es perfecta, ya que se debió alcanzar una postura intermedia, pero mejoró significativamente el statu quo.   La misma incluye 1) un camino a la ciudadanía para los 11 millones de indocumentados, incluso un camino rápido para los menores y para los trabajadores agrícolas; 2) mejoras en el proceso de reunificación familiar; 3) un programa para trabajadores con poca experiencia laboral, con un límite máximo de 200,000 trabajadores por año; 4) algunas protecciones de proceso debido, como la discreción judicial y alternativas a la detención y 5) mejoras en el sistema de asilo y protecciones a los menores que emigran solos.

Algunos de los elementos negativos del proyecto de ley incluyen disposiciones que militarizarían la frontera entre EE. UU. y México y la ausencia de políticas para solucionar los factores que ocasionan la migración.  Otro elemento de preocupación es que el proyecto de ley elimina la categoría de reunificación familiar para los hijos adultos casados y para los hermanos y hermanas de ciudadanos estadounidenses, pero elimina el tope de visas para los familiares inmediatos de residentes permanentes.   Por lo tanto, se aleja a los miembros de la familia extendida y se centra en la reunificación más acelerada de los miembros de la familia inmediata.  También transfiere algunas visas a un nuevo sistema de categoría con “puntaje”, similar al sistema canadiense, que valora las aptitudes laborales sobre los lazos familiares.  En general, equilibra el número de visas en el sistema entre la familia y los negocios / la economía.   Ahora el 50 por ciento es para visas familiares y la otra mitad es para aptitudes y empleo, aunque actualmente el 70 por ciento es para las familias.    Continuaremos trabajando para mejorar estas áreas.

La Cámara de Representantes de EE. UU., que suele ser más conservadora en este tema, está ahora evaluando la legislación.   Estamos instándolos a actuar lo antes posible.  Resulta difícil explicar la intrincada dinámica política de la Cámara de Representantes y por qué no aprueban la ley migratoria, por lo que no es mi intención sugerir que la comprendo en profundidad.   Sin embargo, lo que sí podemos afirmar es que existe una lucha dentro del Partido Republicano, que es el que controla la Cámara.  Algunos piensan que se debe tratar la reforma migratoria para recuperar parte del voto hispano, pero otros miembros del partido representan distritos que se oponen firmemente a la reforma migratoria.  Estos representantes están en contra de la “amnistía”, término que se ha ridiculizado en el debate en torno a la inmigración.  Consideramos que el Partido Republicano llegará finalmente a la conclusión indicada sobre este tema, pero esto puede llevar algún tiempo.

Permítanme añadir algo más: existen varios indicadores que sugieren que una reforma migratoria finalmente será aprobada por el Congreso, una reforma que los obispos de EE. UU. podrán apoyar con entusiasmo.   La gran mayoría de las encuestas muestra que el 60 por ciento de los estadounidenses, o más, apoya un camino a la ciudadanía. Los católicos en EE. UU. apoyan aun más el camino a la ciudadanía –una encuesta aprobada por el Comité de Migración de USCCB encontró que el 77 por ciento de los católicos tanto demócratas como republicanos–, está a favor. También se han publicado informes que indican que la aprobación de la reforma migratoria ayudaría a nuestra economía y reduciría el déficit presupuestario federal.

Ya que hay tanto apoyo, ustedes podrían preguntarse, ¿por qué es tan difícil aprobar una reforma migratoria en los Estados Unidos?  La razón es que nuestro sistema está configurado de tal manera que los puntos de vista de la minoría están protegidos, especialmente en un tema con tanto impacto nacional como la inmigración.   Todavía existe una fuerte corriente ‘nativista’ en nuestra nación, que se rige por el miedo a los extranjeros.  Entonces, el problema real detrás de la oposición a la reforma migratoria no es necesariamente económico o la violación de la ley, sino un miedo cultural a que los inmigrantes de otros países cambien la cultura de la nación.   Por ejemplo, existe la preocupación entre los estadounidenses de que los inmigrantes no aprenden inglés ni se integren en la vida estadounidense.   La Red Católica de Inmigración Legal (CLINIC, sigla en inglés), representada hoy por su directora ejecutiva, Jeanne Atkinson, trabaja con el gobierno para ayudar a integrar a los inmigrantes a la vida estadounidense.

Por otra parte, muchos estadounidenses no piensan en este tema desde una perspectiva global y cómo la globalización afecta a la migración: solo piensan en cómo les afecta a ellos que viven dentro de las fronteras de Estados Unidos.  Nosotros y Catholic Relief Services hemos estado intentando educar a los católicos y a los estadounidenses acerca de este tema.   Ustedes podrían preguntarse por qué es difícil despertar la conciencia sobre las causas profundas, pero la mayoría de los estadounidenses reaccionan negativamente a la idea de una mayor asistencia económica a otros países y perciben que esto implicaría que Estados Unidos termine exportando trabajos a otros países.   Como resultado, muchos políticos estadounidenses no se ocupan de cuestiones relativas a la pobreza y a la persecución en el extranjero, por lo menos no de manera pública.

Por lo tanto, usted podría preguntarse cómo los gobiernos y la Iglesia en América Latina pueden ayudar a que progrese el debate sobre la inmigración en Estados Unidos.   Pues bien, a la luz de las tendencias ‘nativistas’ en algunos sectores de nuestra nación, el enfoque equivocado sería gritarle a voces al Congreso que apruebe una reforma migratoria públicamente.   Considero que la mejor contribución es que los gobiernos muestren lo que están haciendo para ayudar a su propio pueblo de manera que no sus ciudadanos no sientan la necesidad de emigrar.   A pesar del apoyo del público estadounidense a la reforma migratoria, las encuestas muestran que los estadounidenses también quieren una reforma migratoria que finalmente resuelva el problema de la migración irregular.   En otras palabras, no quieren que el problema continúe en el futuro, cuando tengan que aprobar la reforma migratoria de nuevo en 20 años.  Caulquier cosa que los gobiernos puedan hacer para mostrar que están trabajando en asociación con Estados Unidos para lograr este objetivo sería de gran ayuda, tales como las iniciativas para crear puestos de trabajo o frenar la violencia.

Considero que hay muchas más oportunidades para que las organizaciones religiosas y las organizaciones no gubernamentales de América Latina, incluyendo la Iglesia Católica, desempeñen un papel educativo en el debate en EE. UU. señalando los factores que impulsan la migración irregular.   Nuestra conferencia y Catholic Relief Services estamos listos para unirnos a ustedes en esta causa.

Por último, teniendo en cuenta que nuestra misión a Guatemala es examinar por qué hay un número tan elevado de menores no acompañados llegando a Estados Unidos, me gustaría destacar varias disposiciones del proyecto de ley del Senado que beneficiarían a esos menores:

  • El requisito de ofrecer asesoramiento, financiado por el gobierno, a los niños que emigran sin sus padres.   Esto ayudaría a los niños a atravesar el complejo sistema migratorio de nuestro país.
  • El requisito de que nuestro gobierno establezca un programa para que los niños puedan regresar de manera segura a su país natal y reintegrarse allí.
  • El requisito de que el gobierno establezca normas de detención para los menores que son capturados en la frontera (se los detiene solamente 72 horas antes de transferirlos a la agencia de servicios sociales)
  • La eliminación del plazo de un año para presentar solicitudes de asilo.  Los niños algunas veces no pueden cumplir este plazo por falta de asesoramiento y debido a lo complejo del proceso.
  • El requisito de que la Patrulla Fronteriza de EE. UU. use la experiencia de las organizaciones no gubernamentales para ayudar a identificar a las víctimas de la trata de niños detenidas en la frontera México-Estados Unidos.

Estas disposiciones se suman a otras que ayudan a los niños, incluyendo un camino rápido a la ciudadanía para los menores que emigraron con sus padres y una reunificación más rápida para los hijos de residentes permanentes.

Permítanme que les cuente qué hace el Departamento de Servicios de Migración y Refugiados de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos para ayudar a los menores que emigran sin sus padres.  Nuestra unidad de servicios infantiles, cuya directora hoy es Kristyn Peck, dirige programas que sirven a los menores que emigran sin sus padres, ya sean menores de edad que vengan como refugiados o extranjeros.  Estos programas incluyen servicios de reunificación familiar para los niños indocumentados y que emigran sin sus padres, y la ubicación de los menores en hogares adoptivos si no tienen familiares directos en Estados Unidos.   Servimos a 1350 niños en 2013.   Kristyn y sus colegas también están trabajando con la Patrulla Fronteriza de EE. UU. para ayudarlos a identificar a los niños que son víctimas del tráfico de personas.

Valoro profundamente contar con la oportunidad de ponerlos al día sobre nuestros esfuerzos para reformar la legislación migratoria de EE. UU.  En nuestra opinión, la reforma migratoria será adoptada en Estados Unidos en algún momento, cuanto antes mejor.   Si no la aprueba este Congreso, será el siguiente.   ¿Por qué?  Debido a que hemos ganado en esencia el argumento con el pueblo estadounidense, ahora solo nos queda convencer al partido de la minoría que debe aliarse al lado correcto de la historia y apoyar el tema.   Por lo tanto, no se desanimen si no sucede este año o incluso el que viene.   Es algo inevitable.  Espero que podamos trabajar juntos como socios para proteger los derechos de los migrantes en este hemisferio, en especial de los más vulnerables.