Iglesia en Movimiento: Peregrinos

Aquí en la tierra, pueblo peregrino.

Haciendo memoria del camino del pueblo de Israel por el desierto, vienen a la mente los momentos difíciles de cansancio, desesperación, los deseos de volver, sobre todo del hambre. Reciben el alimento – maná – y recobran las fuerzas para seguir el camino.

La iglesia se reconoce peregrina. Tenemos una esperanza de peregrinos.

Pero la pregunta es: ¿Quiénes son hoy los que literalmente se ponen en camino, los desplazados, los que van huyendo de desprecios, violencia y tiranía? ¿Acaso no son las personas migrantes y refugiadas? ¿quienes son las están muriendo de sed y hambre en las montanas y desiertos solo por buscar una tierra que les de pan?

Hay un Egipto violento y explotador detrás de  las  nuevas caravanas de personas migrantes y refugiadas. La presencia de un pedazo de pan se convierte en signo de vida, de fuerza, de esperanza.

Quienes  nos decimos ser una iglesia peregrina, deberíamos ser los primeros en entender, acompañar, atender y defender a toda persona migrante y refugiada que se encuentra en camino.

Que el llamado a ser, celebrar y vivir el pan que se parte y se comparte no quede en mero rito, mera religiosidad tradicional, en bonitos adornos y utensilios dorados o plateados.

Que el pan no falte en la mesa del altar para alimento en el camino, que no falte en las manos de cada persona migrante y refugiada en camino a una tierra mejor.