IGLESIA QUE ACOGE

Creemos que como Iglesia peregrina que ve el fenómeno de la migración como un signo de los tiempos, tenemos los siguientes retos.

a)      Que escuchando la voz del Papa Pablo VI, todas las Iglesias locales de Guatemala sigan ofreciendo un particular cuidado pastoral a los migrantes, debido a las necesidades y  circunstancias especiales que estos enfrentan. [1]

b)      Unir esfuerzos con los Obispos hispanos en Estados Unidos, quienes en comunión con la Conferencia de los Obispos de ese país, están promoviendo una reforma integral a la política inmigratoria, para que exista la posibilidad de que migrantes puedan regularizar su situación migratoria y adquirir   visas  de trabajo para que  sus derechos sean respetados. También unirnos a ellos en la  esperanza de una justicia económica global que beneficie a todos, para vivir dignamente.[2]

c)      Cooperación entre diócesis para una mejor atención a los migrantes en el extranjero.   Que la Iglesia de origen dialogue y busque maneras de trabajar en conjunto con las diócesis de destino, sobre todo, para proteger y acoger a los migrantes y a los  trabajadores temporales. “Que los migrantes sean acompañados por sus Iglesias de origen y en las Iglesias en las que llegan, para que sean en ellas  discípulos y misioneros”. [3]

d)      Que cada diócesis forme una comisión (Comisión Diocesana) de pastoral de movilidad humana, de siete  a diez personas (sacerdotes, religiosos, religiosas, laicos y laicas) para encabezar las actividades y proyectos en comunión con el obispo y en coordinación con la Comisión Nacional de Movilidad Humana.

e)      Que todas las parroquias (sobre todo las de fronteras y/o puertos), cuenten con un concejo o comité de acogida o bienvenida para  incluir en la vida parroquial a personas recién llegadas, recibir a los que regresan deportados de manera forzada  o después de una larga estancia en el extranjero. Comité  que trabaje en acoger a quienes quieran regresar a la Iglesia católica, y concientice sobre el fenómeno de la migración, Refugio, Trata de Personas, deportaciones, entre otras.

f)       Siendo las parroquias espacios de acogida, se dé especial atención a los jóvenes migrantes que muchas veces sufren la desubicación y marginación. [4] De igual manera, que en las instituciones educativas católicas se abran espacios para la información y formación sobre el fenómeno migratorio, sus bendiciones y sufrimientos, para que los niños y jóvenes abran su corazón y mente y sepan acoger con una actitud verdaderamente cristiana.

g)      Que los seminarios y casas de formación, aborden el tema de las migraciones: espacios de diálogo, estudio e investigación.


[1] Paul VI PP. Carta Apostólica en forma Motu Proprio estableciendo las nuevas normas para la pastoral con migrantes. (Pastoralis Migratorum Cura ) Agosto 15, 1969

[2] Carta de los obispos hispanos/ latinos en los Estados Unidos a los migrantes 2011.

[3] Ver Aparecida 415

[4] Ver Documento de Puebla  1191. Puebla de los Ángeles, México, 1979 .