JOVENES: Evangelizando y Acogiendo al Migrante

Antífona de entrada

Amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu ser, y al prójimo como a ti mismo.

Monición de entrada

En este segundo día del triduo, somos bienvenidos a la participación en esta liturgia, en donde tenemos la oportunidad de reflexionar en torno a la realidad migratoria, puesto que dejar su tierra, su familia y su país, no es fácil, pero es una realidad que muchas familias viven. Estamos invitados a solidarizarnos y unir nuestra oración para que Dios proteja a todos nuestros hermanos migrantes que viven lejos de su familia. Iniciemos celebración con el canto.

Acto Penitencial:

Reflexionemos sobre nuestras actitudes de indiferencia ante el sufrimiento de millones de inmigrantes, que luchan por mejorar su condición de vida para ellos y su familia. ¿Por qué no abrimos las puertas de nuestro corazón a quienes piden nuestro apoyo y solo pensamos en nosotros mismos?

Tú que experimentaste  la soledad, la pobreza y el rechazo social a causa del egoísmo y orgullo de los seres humanos. Señor ten piedad.

Tú que te hiciste vida a través del testimonio de aceptación del plan divino de amor. Cristo ten piedad.

Tú que caminaste fielmente con el pueblo peregrino y nos enseñaste compartir los bienes con generosidad. Señor ten piedad.

Oración Colecta.

Señor,  acuérdate de nuestros hermanos y hermanas migrantes, en especial de los que están lejos de sus familias; concédeles volver un día, y a nosotros danos un corazón generoso para tenderle la mano a nuestro prójimo que tiene que irse de nuestra comunidad, como también a los que llegan. Por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo, en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

LITURGIA DE LA PALABRA.

Monición de la primera lectura

El Profeta Amós nos invita a buscar la justicia. La verdad y la paz en nuestra sociedad se  han convertido en gotas amargas. Solo a través de la justicia podemos disfrutar de los bienes del mundo.

Lectura del libro del profeta Amós 5, 14-15. 21-24

Esto dice el Señor: “Busquen el bien, no el mal, y vivirán, y así estará con ustedes, como ustedes mismos dicen, el Señor, Dios de los ejércitos. Aborrezcan el mal y amen el bien, implanten la justicia en los tribunales; quizá entonces el Señor, Dios de los ejércitos, tenga piedad de los sobrevivientes de José.

Yo desprecio y detesto las fiestas de ustedes, no me agradan sus solemnidades. Aunque me ofrezcan holocaustos, no aceptaré sus ofrendas ni miraré con agrado sus sacrificios de novillos gordos. Alejen de mí el ruido de sus canciones; no quiero escuchar la música de sus arpas. Que fluya la justicia como el agua y la bondad como un torrente inagotable”. Palabra de Dios.

Salmo responsorial 136

 

R/  Tu recuerdo, Señor, es mi alegría.

Junto a los ríos de Babilonia nos sentábamos a llorar de nostalgia; de los sauces que estaban en la orilla colgamos nuestras arpas.

R/  Tu recuerdo, Señor, es mi alegría.

Aquellos que cautivos nos tenían pidieron que cantáramos. Decían los opresores: “Algún cantar de Sión, alegres cantemos”.

R/  Tu recuerdo, Señor, es mi alegría.

Pero ¿Cómo podíamos cantar un himno al Señor en tierra extraña?, ¡Que la mano derecha se me seque, si de ti Jerusalén, yo me olvidara!

R/  Tu recuerdo, Señor, es mi alegría.

¡Que se me pegue al paladar la lengua, Jerusalén, si no te recordara, o si fuera de ti, Alguna otra alegría yo buscara!

R/  Tu recuerdo, Señor, es mi alegría.

Monición del Evangelio

¿Quién es mi prójimo?  Prójimo es aquel ha actuado con amor, con compasión, con generosidad, con desinterés y sobre todo, con misericordia, al cual nosotros estamos llamados a ser samaritanos con nuestros hermanos y hermanas migrantes. Canto de aclamación.

Aleluya, aleluya

¿Quién es mi prójimo? El doctor de la ley le respondió “El que tuvo compasión de él”. Entonces Jesús le dijo: “Anda y haz tú lo mismo”.

Aleluya, aleluya

Lectura del Santo Evangelio según san Lucas10, 25-37

En aquel tiempo, se presentó ante Jesús un doctor de la ley para ponerlo a prueba y le preguntó: “Maestro, ¿qué debo hacer para conseguir la vida eterna?” Jesús le dijo: “¿Qué es lo que está escrito en la ley? ¿Qué lees en ella?” El doctor de la ley contestó: “Amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu ser, y al prójimo como a ti mismo”. Jesús le dijo: “Has contestado bien; si haces eso, vivirás”.

El doctor de la ley, para justificarse, le preguntó a Jesús: “¿Y quién es mi prójimo?” Jesús le dijo: “Un hombre que bajaba por el camino de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos ladrones, los cuales le robaron, lo hirieron y lo dejaron medio muerto. Sucedió que por el mismo camino bajaba un sacerdote, el cual lo vio y pasó de largo. De igual modo, un levita que pasó por ahí, lo vio y siguió delante. Pero un samaritano que iba de viaje, al verlo se compadeció de él, se le acercó, ungió sus heridas con aceite y vino y se las vendó; luego lo puso sobre su cabalgadura, lo llevó a un mesón y cuidó de él. Al día siguiente sacó dos denarios, se los dio al dueño del mesón y le dijo: “Cuida de él y lo que gastes de más, te lo pagaré a mi regreso”.

¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del hombre que fue asaltado por los ladrones? El doctor de la ley le respondió “El que tuvo compasión de él”. Entonces Jesús le dijo: “Anda y haz tú lo mismo. Palabra del Señor.

Sugerencia para la homilía

Jóvenes:   Evangelizando y Acogiendo al Migrante.

El profeta Amós nos permite ver que la elección divina no es una garantía de salvación y los ritos religiosos no tienen un efecto mágico.  La promesa de tener vida está condicionada a la rectitud de la conducta moral, sobre todo a la práctica de la justicia.  No se puede confundir a Dios con una de las divinidades paganas, que se contentan con los sacrificios, ritos y música al Señor, cuando no son expresión de una actitud sincera de corazón y cuando la conducta está en oposición con las acciones externas de la religiosidad.

El pasaje evangélico que hemos escuchado, nos narra el encuentro entre Jesús y un escriba interesado en saber qué hacer para obtener la vida eterna (v.25). Jesús nos remite a lo que está escrito en la ley y el escriba entiende que Jesús se refiere al mandamiento del Amor a Dios y al prójimo. (vv.26-27) al final Jesús lo invita a convertir aquella palabra en acción concreta: “Has contestado bien; si haces eso, vivirás”  (v.28). En un segundo momento del diálogo el escriba, preocupado por una cuestión casuística, que tenía gran importancia en el ambiente judío, le pregunta a Jesús: “¿Y quién es mi prójimo?” (v.29).  En Israel el prójimo era todo miembro de la alianza, todo miembro del pueblo de Dios.

Después de contar la parábola, la pregunta fundamental para Jesús fue “¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del hombre que fue asaltado por los ladrones?” (v.36). Para Jesús la noción de “prójimo”, no está sujeta a una definición jurídica, sino al amor misericordioso vivido concretamente que no reconoce fronteras. En la parábola Jesús describe en qué consiste y cómo practicar la misericordia. Para Jesús “hacerse prójimo” significa hacerse cercano, entablar relación con “el otro” que está en necesidad, que es víctima injusta, y actuar con misericordia eficaz y comprometida, dejándose afectar interiormente por el dolor y la miseria sufrida por los otros.

El samaritano no “pasó de largo” como los profesionales de la religión que pasaron antes que él. Para el samaritano fue decisivo el hecho de encontrar a alguien que estaba en necesidad y sufría, más allá de diferencias de raza, religión o nacionalidad. No pasó de largo en forma inconsciente.  El samaritano interiorizó en sus entrañas el sufrimiento ajeno y lo convirtió en el origen de su actuación.

El samaritano encarna lo que significa amar concretamente y en forma eficaz hasta el fondo. Su amor es un amor de misericordia semejante al que ha manifestado Dios en Cristo. La práctica de la misericordia realiza el compromiso fundamental por el Reino, pues encarna el amor de Dios y el estilo de amar de Dios.

Jesús  propone la parábola del buen samaritano, como prefiguración de lo que Él mismo iba a realizar: hacerse “prójimo” (cercano) a todas las personas de toda la humanidad, entregando su persona como signo y ofrenda de reconciliación y paz.

El samaritano es un seudónimo de Jesús, pues cuando al doctor de la Ley le dice: “Ve y haz tú lo mismo”, está invitándolo a la imitación del mismo Jesús; puesto que así es como se “ama con todo el corazón”, no sólo a Dios, sino manifestándolo en un compromiso real con el prójimo

El prójimo que se pone de parte del necesitado, no sólo del que está próximo, sino el que asume la actitud cristiana de prójimo

Ser prójimo es conmoverse, vibrar en sintonía con el que sufre, comprometerse, ayudar, solucionar cuando proceda.
Es engendrar una fraterna solidaridad, que sobrepasa límites y fronteras, de raza, pueblo, color y lengua.
“Si los demás son ajenos o lejanos a tu sufrimiento y angustia nunca te olvides que Cristo es el buen samaritano, que siempre tendrá compasión de ti, y en tu muerte te llevará a la hospedería de la eternidad”. Reza una inscripción en Tierra Santa.

A Jesús no le interesan los grados de proximidad, sino los actos de generosidad.
Ante todo esto preguntémonos: ¿Será que los que vivimos en el camino no estamos llamados a hacer algo por el prójimo que va de paso?, ¿Por qué,  entonces, somos tan débiles y no asumimos una actitud que favorezca a la gente que camina por donde nosotros vivimos?

Casi nunca asistimos al pobre, nos hacemos de los desentendidos cuando vemos a alguien pasando alguna necesidad.

Oración de los Fieles:

Presentemos nuestras peticiones e inquietudes al Dios de la vida y de la juventud, confiados de su escucha y presencia entre nosotros. Respondemos a cada petición. Cristo peregrino, escúchanos.

  • Por la iglesia universal, para que fiel a su compromiso bautismal y consciente de las necesidades de los y las jóvenes y de todos nuestros hermanos migrantes, anuncie el Evangelio testimoniando la verdad. Oremos al Señor.

R/Cristo peregrino, escúchanos.

  • Por las autoridades, para que promuevan el respeto a los derechos de los niños, niñas, adolescentes y jóvenes  migrantes y sus familias. Oremos al Señor.

R/Cristo peregrino, escúchanos.

  • Por los migrantes que salieron de sus casas y dejaron a sus familias con el fin de encontrar nuevas oportunidades de vida; que en los lugares de paso y destino sean tratados como seres humanos y encuentren en nosotros una familia solidaria.  Oremos al Señor.

R/Cristo peregrino, escúchanos.

  • Para que nuestras comunidades estén siempre atentas a las necesidades de los hermanos y hermanas que vienen de otros países a buscar mejores oportunidades de vida. Que les ayudemos a mantener su fe, sus valores y su cultura. Oremos al Señor.

R/Cristo peregrino, escúchanos.

  • Por los que hoy participamos de esta celebración, para que Dios interceda por nuestros vecinos,  parientes y otras personas que están lejos de sus hogares buscando una vida mejor para su familia. Oremos al Señor.

R/Cristo peregrino, escúchanos.

  • Por los migrantes muertos y desaparecidos, para que Dios fortalezca a las familias con su presencia y les ayude a superar el sufrimiento que causa las leyes injustas. Oremos al Señor.

R/Cristo peregrino, escúchanos.

Celebrante:

Padre, acoge las oraciones que te hemos presentado, danos tu Espíritu para que seamos verdaderos samaritanos y testigos en el mundo de las migraciones y promotores de la dignidad y derechos humanos de los y las migrantes. Por Cristo, Nuestro Señor.

Monición del ofertorio

En el pan y el vino se ofrece el sacrificio perfecto, porque es el mismo Cristo quien se ofrece a Padre; hoy junto a estos dones, también presentemos el sufrimiento de tantos migrantes para que sean atendidos por nuestro buen Padre.

Oración sobre las Ofrendas.

Señor, con los dones del pan y vino, que te presentamos, recibe también el sueño, la esperanza y el clamor de tu pueblo migrante. Que juntos podamos construir una nueva sociedad y un día alcancemos el reino que nos prometiste.

Por Jesucristo Nuestro Señor.  Amén.

Prefacio Común VII

El Señor esté con ustedes…

Levantemos el corazón…

Demos gracias al Señor, nuestro Dios…

En verdad es justo y necesario Señor, Padre Santo, Dios de la Alianza y de la Paz. Porque tú llamaste a Abraham y le mandase salir de su tierra, para constituirlo padre de todas las naciones.

Tú suscitaste a Moisés para liberar a tu pueblo y guiarlo a la tierra de promisión.

Tú, en la etapa final de la historia, has enviado a tu Hijo, como huésped y peregrino en medio de nosotros  para redimirnos del pecado y de la muerte; y has derramado el Espíritu, para hacer de todas las naciones un solo pueblo nuevo, que tiene como meta, tu reino, como estado, la libertad de tus hijos, como ley, el precepto de amor.

Por estos dones de tu benevolencia, unidos a los ángeles y santos, cantamos con gozo el himno de tu gloria. Santo, Santo, Santo.

 Comunión

Cristo rompe las condiciones que atan el corazón humano, ¡Él está aquí!  Se hace Buen samaritano por nosotros y nos acoge. Quiere hacernos comunidad, y nos invita al banquete de su amor.

Monición después de la Comunión

¿Quién mejor que Cristo conoce lo que es emigrar? ¿Acaso el no dejó la gloria en que vivía, para hacerse uno de nosotros? Hoy queremos agradecer a Dios por esta Eucaristía, en la cual hemos pedido por nuestros hermanos migrantes para que tengan una vida digna, pero sobre todo para que en su estilo de vida encuentren la misericordia de Dios.

A los hermanos que no han podido comulgar sacramentalmente les invitamos a hacer una comunión espiritual. ¡OH Jesús Mío! Creo firmemente que estás presente en el Santísimo Sacramento del Altar. Te Amo sobre todas las cosas y deseo tenerte en mi alma. Ya que ahora no puedo recibirte sacramentalmente ven espiritualmente a mi corazón, y como si ya hubieses venido, te abrazo y me uno todo a ti, no permitas que jamás me separe de ti. AMEN.

Oración después de la Comunión

Concédenos Señor el espíritu de tu amor, a fin de que alimentados con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, fomentemos la solidaridad para con el pueblo migrante. Por Cristo Nuestro Señor. Amén.