Madres hondureñas buscan a sus hijos migrantes

Madres hondureñas

Se lanzan a buscar a sus hijos migrantes.

Por Carlos Ramos
Enviado Especial
caramos@unicah.edu
Las ansias se palpaban en el frío aire de la madrugada. Las esperanzas se transpiraban en el bus que transportaba a más de veinte mujeres valientes que, sin importar la edad, enfermedades, angustias, emprendieron un viaje en el que la fe era su pasaporte más seguro.
Algunas no saben leer, mucho menos realizar una operación matemática, pero sin duda, saben realizar una ecuación que sólo una madre es capaz de hacer: sumar día a día el amor por sus hijos, restarle las congojas por grandes que parezcan  y multiplicar cotidianamente los deseos de volver a ver al fruto de sus entrañas y como resultado regalarle un sincero: ¡Te Amo!
Y es que estas abnegadas madres recorrerán más de cuatro mil seiscientos kilómetros por catorce Estados y veintitrés localidades de la ruta utilizada por los migrantes. Esa es la caravana de búsqueda que realizan  todos los años las pastorales de Movilidad Humana;  Honduras, Guatemala, El Salvador y Nicaragua.
Bajo el precepto “Liberando la esperanza” es que de todos los lugares del país viajaron todas con el mismo fin. En su pecho portaban la fotografía de aquellos seres que se les fueron arrebatados por la necesidad, por la falta de empleo, por la creciente delincuencia y la galopante pobreza ante el disimulo de las autoridades de los países de la región centroamericana.
El equipo del Semanario FIDES acompaña a estas mujeres a lo largo del recorrido, y junto a ellas, hemos vivido en carne propia la situación que atraviesan aquellas personas que viajan al Norte, específicamente a los Estados Unidos.
Hemos dormido en las Casas de Migrantes, en hamacas colgadas en fríos pasillos e incluso en el suelo. A lo largo de esta escabrosa ruta donde, según estudios realizados por el Movimiento Migrante Mesoamericano, se estima que más de setenta mil personas se encuentran desaparecidas  “desde que inició la guerra contra el crimen organizado” reza uno de los comunicados entregados a la prensa que realiza la cobertura del humanitario acontecimiento.

Inicio del periplo.
La jornada, inició con una serie de actos en Tegucigalpa, para después emprender el viaje que las conduciría hasta México. La primera estación se realizó en Ocotepeque,  allí fueron atendidos por la única Casa de Atención al Migrante en Honduras. Luego de una humeante taza de café, las  damas y los pocos varones de la expedición, salieron hasta el templo en honor a San José para ser participes de la Santa Eucaristía.
“Muchas veces creen que venimos a turistear” dijo Sor Lidia de Souza,  Coordinadora de la Pastoral de Movilidad Humana de Honduras, mientras proporcionaba algunas indicaciones a las madres, quienes, ansiosas esperaban llegar hasta la segunda estación: Guatemala.
“Este es un viaje duro, son horas y horas de camino y queremos que todas lleguen” arguyó la Religiosa. Esa noche, todos  fuimos acomodados en un amplio salón para descansar y salir en la fría madrugada siguiente  hasta la frontera de Aguas Calientes.
Las manecillas del reloj marcaban las tres y cuarenta y cinco de la mañana del día sábado, el autobús tocaba la bocina avisando que era hora de la partida. No había agua para bañarse, apenas para medio humedecerse los ojos y lavarse los dientes y prepararse para partir hasta Guatemala. Los ánimos seguían intactos.  Cada vez la ansiedad era mayor.
Sin embargo la alegría fue momentáneamente aplacada porque  la Señora Gladys Velásquez tuvo que abandonar el viaje en la frontera, ya que  sus papeles personales no se encontraban en regla y su ingreso  al país de la eterna primavera fue denegado.
Esa acción causó mucho dolor, las lágrimas mojaron el rostro de la humilde mujer oriunda de Municipio de Morazán en el Departamento de Yoro. Por esta vez no podrá buscar a su hijo Mario Nahúm Velásquez  que hace más de cinco años no ve.
Sin embargo el primer gesto solidario de los tantos salió, ya que Doña Emérita Martínez quien años anteriores en una de las caravanas encontró a su hija, sin pensarlo dos veces se colgó la foto del hijo de Doña Gladys prometiéndole: “yo lo busco por usted”.
Similar es el deseo de la Señora Nolvia Navarro de sesenta y ocho años, de tez trigueña y mirada cansada, quien  en cada momento sólo desea una cosa: abrazar nuevamente a su hijo Pedro Antonio Hernández.  Sus manos se entrelazan al momento de recordar a su vástago quien salió de la casa con la promesa de volver, de eso  ya han pasado dieciocho años.
“Sólo quiero decirle cuánto lo amo. La última vez que hablamos fue hace siete años y me dijo que vivía en Veracruz desde ese entonces no he sabido más de él, tengo la fe en Dios que lo encontraré” arguyó la dama.Y es que los resultados dejados por las siete caravanas anteriores han sido positivos, se estima que en cada viaje al menos se logran unos ocho encuentros por lo que surgen más esperanzas para estas madres que tienen años de no saber de sus familiares.

Ciudad Guatemala.
Luego de más de dieciocho horas de viaje se logró llegar hasta  Guatemala, allí casi de inmediato todas las madres de los diferentes países participaron en la Santa Eucaristía celebrada en la imponente catedral Santiago Apóstol. La ceremonia fue presidida por el encargado de la Pastoral de Movilidad Humana de la Arquidiócesis de Guatemala, el presbítero Juan Luis Carbajal.
“Somos testigos de estas mujeres que quieren tomarse de las manos dejando sus pueblos,  sus familias, sus comunidades y de sus países para iniciar este recorrido y hacer un grito a los actores principales que tienen que ver en el tema para que hayan respuestas concretas a sus peticiones y su sufrimiento. En Guatemala  como lugar de tránsito donde pasan migrantes de El Salvador, Honduras y Nicaragua,  nos preocupan  sobre manera los maltratos que están pasando las personas migrantes”.
Esa misma tarde hubo reuniones de coordinación con personal de la Arquidiócesis de Guatemala para afinar algunos detalles que se realizarían en el recorrido. Minutos después todas las comitivas fueron llevadas a la terraza de un edificio para participar en un rito maya, la actividad se extendió hasta las ocho de la noche, acto seguido todos se fueron a pernoctar y así reponer fuerzas para el siguiente día.
Apenas el sol daba algunos pincelazos de aparecimiento en la tierra de la marimba, todo estaba listo para salir con rumbo a la comunidad de El Naranjo sitio fronterizo entre Guatemala y México. Pasaron cerca de doce horas para llegar, pero en el Departamento de Petén les recibieron entre quema de pólvora y globos multicolores. Esta acción les devolvió un poco de brillo a la mirada de las fatigadas madres.
Ya por la noche y después de la cena, todas se acomodaron de manera ordenada en las  aulas del Centro Escolar que pertenece a la red de centros Fe y Alegría,  en donde durmieron, para al día siguiente llegar por fin a la tierra de la Virgen de Guadalupe.
Por la mañana del día lunes fueron conducidas al Río San Pedro,  sitio  donde centenares de centroamericanos cruzan a diario para seguir la ruta migratoria, lamentablemente muchos fracasan. Según vecinos en los alrededores existen mas de diez fosas comunes de compatriotas que no recibieron una digna y cristiana sepultura.
Ese momento quebrantó a muchas madres e incluso algunas tuvieron que recibir primeros auxilios por el impacto emocional… “Todo eso cruzó mi hijo…” decía con evidente congoja Doña Nolvia, mientras las lágrimas ya le habían invadido su rostro.
A cincuenta y nueve kilómetros de El Naranjo se encuentra el punto fronterizo El Ceibo ya en tierras mexicanas. Allí fueron recibidas por la comitiva azteca del Movimiento Migrante Mesoamericano acompañadas por  Fray Tomás Gonzáles quien se ha identificado con los menos favorecidos, específicamente con los hermanos migrantes e incluso es el fundador de la “La 72” un albergue que brinda cobijo a cientos de migrantes que llegan a diario, entre los que, su mayoría, son de origen catracho.
“¡Sean  todos bienvenidos a México! Vamos a liberar la esperanza como es el lema de esta caravana vamos a liberarla,  porque muchas personas se han encargado de encerrarla, no sólo de encerrar los buenos sentimientos y el bendito sueño que tienen, sino que han convertido ese bendito sueño en una maldita pesadilla para ustedes: mamás, papás que vienen a buscar a sus hijos. Ojalá que encontremos a muchos. Sean bienvenidos a este país, a este cementerio de migrantes a este vía crucis, porque lo que ustedes van hacer junto al Movimiento Migrante Mesoamericano y otras organizaciones es un verdadero vía crucis, pero al final todos nos vamos a dar el abrazo de la esperanza”.
Luego en cómodos autobuses fueron trasladados hasta el Estado de Tabasco, específicamente hasta Tenosique allí las sorpresas iniciaban, principalmente para una pareja de angustiados hondureños.

Fuente: SEMANARIO CATOLICO FIDES

http://semanariofides.com/2012/10/19/madres-hondurenas-se-lanzan-a-buscar-a-sus-hijos-migrantes/