MENSAJE DE LA COMISION NACIONAL DE PASTORAL DE MOVILIDAD HUMANA DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL DE GUATEMALA, CON OCASIÓN DEL DIA NACIONAL DE LAS PERSONAS MIGRANTES Y REFUGIADAS 2013

MIGRANTES:

Deportaciones e Indiferencia, una llaga que debe ser sanada

A los estimados hermanos Arzobispos y Obispos, Sacerdotes, Religiosas y Religiosos, Catequistas, Laicos y Laicas comprometidos con el servicio pastoral y con el anuncio de la Buena Nueva de Jesús, y a los hermanos y hermanas y representantes de otras denominaciones religiosas, con un saludo fraterno y con el augurio de todo bien. 
La Iglesia Católica en Guatemala -así como en toda la región Centro y Sudamérica-,  el primer domingo de septiembre de cada año celebra el Día Nacional de las personas Migrantes y Refugiadas. Este año el tema escogido es: “MIGRANTES: Deportaciones e Indiferencia, una llaga que debe ser sanada”.
Es un tema para reflexionar juntos, con una mirada pastoral y solidaria sobre el drama humano y la difícil realidad que viven miles de personas migrantes que buscan mejorar su condición de vida y la de su familia, drama humano con frecuencia hecho más grave y más agudo por la apatía, la indiferencia, el irrespeto y la falta de solidaridad.
A lo largo de la historia de la humanidad, las personas migrantes se han caracterizado por la búsqueda de mejores condiciones de vida para sí mismas y para sus familias, tratando de huir de la pobreza y la pobreza extrema. Actualmente, se añade otro factor que es la búsqueda de seguridad e integridad física frente a la violencia e inseguridad vivida en los países de la región (entre ellos Guatemala). En la actualidad, el número de las personas que emigran va en aumento, y sus lugares de destino han aumentado.

Según la Organización de las Naciones Unidas, hoy en día hay más de 214 millones de personas viviendo en un país distinto al que nacieron, y aproximadamente 250 millones cruzan las fronteras de los países, mientras que 750 millones se mueven desde zonas rurales a zonas urbanas por razones demográficas y económicas.

Desde mediados del siglo XX, la mayoría de los migrantes internacionales de nuestra región provienen de países pobres, impactados por el desarrollo de economías de mercado y gradualmente incorporados al proceso de globalización, migrantes que se dirigen principalmente a países del norte de América. Estados Unidos se ha convertido en el país con el mayor número de migrantes internacionales que provienen principalmente de América Latina y Asia.

Sin duda, los atentados terroristas del 11 de septiembre del 2001 agregaron una complejidad inesperada a la migración y EEUU ha subordinado el tema de la migración al de la seguridad nacional. Más recientemente, la crisis económica mundial y también de EEUU, ha creado un escenario más adverso y difícil, aunque con la esperanza de una inminente reforma migratoria que permita la regularización y un camino a la ciudadanía de unos 11 millones de indocumentados en EEUU, sumado al posible incremento en el número de visas de trabajo para alentar la migración documentada.

Las políticas migratorias de los países desarrollados que atraen a los migrantes se caracterizan por los intereses particulares y la unilateralidad, sin buscar soluciones regionales y/o bilaterales. Por otro lado, la nueva estrategia de control y cierre de la frontera EEUU-México, y contención en México, no ha reducido el flujo migratorio. Las aprehensiones, aseguramientos y deportaciones de migrantes Guatemaltecos en México y EEUU han aumentado en los últimos años, prueba de ello es que 215,7778 guatemaltecos fueron deportados de EEUU en los últimos nueve años.

El aumento  de las deportaciones coincide precisamente con el endurecimiento de la frontera: la construcción de más kilómetros de muro,  el aumento del número de agentes fronterizos, las nuevas tecnologías y nuevas estrategias de vigilancia. Estas nuevas medidas y estrategias fronterizas no han contenido el flujo migratorio, sino que sólo han provocado el aumento del costo del cruce irregular y un incremento de peligros y de muertes entre los que tratan de cruzar las fronteras.

De hecho, el endurecimiento de los controles fronterizos ha aumentado el riesgo de muerte después del año 2008, y al mismo tiempo, ha generado un efecto de “carrera hacia la frontera”, en que los migrantes buscan cruzarla antes de que se vuelva más difícil o imposible.

En suma, el reforzamiento de las fronteras y el endurecimiento de los controles no parece haber  reducido el flujo migratorio, sino que ha reencauzado el flujo y vuelto más riesgoso y mortal el cruce, también porque en todo esto el crimen organizado parece encontrar un escenario más propicio para amenazar y secuestrar migrantes así como extorsionar a los familiares de los migrantes; es decir, el sellamiento y la militarización de la frontera no parece ser ninguna solución verdadera para evitar la emigración irregular.

Dentro de este contexto, cada vez somos testigos que Niños, Niñas y Adolescentes migrantes no acompañados;  hombres y mujeres,  emigran cada día con la esperanza de una vida mejor y de una posible reunificación familiar, y nos preocupa grandemente la apatía e indiferencia casi general ante el drama humano de nuestros hermanos y hermanas migrantes.

De la misma manera nos preocupa la indiferencia política y -con frecuencia- un insuficiente y erróneo abordaje del problema de la movilidad humana de parte de gobiernos e instituciones estatales que tienen directa relación y responsabilidad en la administración de los flujos migratorios en los países de origen, tránsito y destino de los migrantes.

Además, el reducir o limitar las intervenciones acerca del tema de la migración a la contención y represión  y deportación de migrantes, contribuye no a buscar soluciones adecuadas al problema, sino a afectar negativamente y hasta conculcar la dignidad, la seguridad e integridad personal y los derechos humanos de las personas en movilidad.

Por eso, con ocasión del Día Nacional de las personas Migrantes y Refugiadas (el primer domingo de septiembre), hacemos un llamado a Arzobispos y Obispos, sacerdotes, religiosas y religiosos, catequistas, laicos y laicas comprometidos con el servicio pastoral y con el anuncio de la Buena Nueva de Jesús, y representantes de otras denominaciones religiosas, para que no permanezcamos indiferentes ante el sufrimiento, la injusticia y la exclusión que sufren diariamente nuestros hermanos y hermanas migrantes.

Ante este grave drama humano de tantos migrantes, que interpela y sacude nuestra conciencia cristiana, no podemos quedar indiferentes, sino que debemos de reaccionar con actitudes positivas de sensibilidad y solidaridad. 

Hacemos un llamado a realizar gestos concretos de solidaridad hacia los migrantes y sus necesidades, como por ejemplo: a) Celebrar desde nuestra realidad el Día Nacional de las personas Migrantes y Refugiadas, a la luz de la fe y de la caridad, con pleno convencimiento de que en el corazón de la Iglesia NADIE ES EXTRANJERO, motivando y renovando los valores de una Iglesia samaritana y acogedora, solidaria y servicial que anuncia, denuncia y actúa a la luz del evangelio. b) Hacer que la celebración del Día Nacional del Migrante sea una acción significativa en cada Arquidiócesis, Diócesis, Vicariato Apostólico, Parroquia y Comunidades eclesiales. c) Promover, en el marco de la conmemoración del Día Nacional del Migrante, acciones concretas de solidaridad y de ayuda como la recaudación de víveres, ropa, calzado, aporte económico, etc., para apoyar la labor humanitaria de la Comisión Pastoral de Movilidad Humana de la Conferencia Episcopal de Guatemala y de las distintas Casas del Migrante.

Terminamos exhortándonos a nosotros mismos y a todos y todas a tener los mismos sentimientos de Cristo (cf. Fil. 2,5),  a compartir las necesidades de los hermanos y a practicar la hospitalidad (cf. Rom. 12,13), con los migrantes más necesitados, encarcelados, deportados e indefensos ante las políticas migratorias injustas, inhumanas y excluyentes.

Que el amor de la Sagrada Familia -Jesús, María y José-, acompañe el caminar esperanzado de cada persona migrante y su familia, y nos bendiga y anime a todos y todas.

Monseñor Mario Fiandri, sdb
Obispo del Vicariato Apostólico de Petén,
Presidente de la Comisión Pastoral de Movilidad Humana,
Conferencia Episcopal de Guatemala.

Guatemala de la Asunción, Septiembre de 2013.