Mensaje en el Día Mundial de las Personas Refugiadas

Esta Comisión de la Conferencia Episcopal de Guatemala, en comunión eclesial, quiere hacer eco de las palabras del Cardenal Antonio Maria Veglió, presidente del Pontificio Consejo para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes, quien, refiriéndose a las personas refugiadas, parte de la premisa fundamental de que “cada política, iniciativa o intervención en este ámbito debe inspirarse en el principio de la centralidad y la dignidad de la persona humana…cada uno de los seres humanos es el fundamento, la causa y el fin de toda institución social”. Es por este principio que, las personas desplazadas, solicitantes de asilo y las refugiadas, han de ser escuchadas, acogidas, protegidas y acompañadas.

            Todos sabemos que Guatemala, en un pasado no lejano vio partir a miles de personas que cruzaron fronteras para proteger sus vidas y sus bienes, que huyendo por los montes y selvas se internaron en territorio del país vecino, que con solo la esperanza de vivir en paz llegaron a los Estados Unidos, Canadá, y otros países, quienes los recibieron, les garantizaron la seguridad y la paz. Algunos de ellos profesionistas, lideres, académicos, periodistas, locutores, amas de casa, y sobretodo hombres y mujeres que en su cosmovisión vivían en intimo contacto con sus parcelas y montanas. Algunos de ellos todavía tienen la herida abierta de tan traumáticos recuerdos.

            El flagelo no ha terminado, en la actualidad se habla que alrededor de 100 millones de personas son desplazadas por motivos sociales, económicos, políticos, religiosos y climáticos. En territorio Guatemalteco no son pocas las personas que se movilizan o migran debido a robos, secuestros, amenazas, estafas, extorciones, y persecuciones. Esta realidad de violencia está siendo una constante, no fácil de negar o ignorar, pues se atestigua día a día por los medios de comunicación y sobre todo porque nuestros vecindarios se están manchando de sangre humana.

            Dicho flagelo no solo causa desplazamiento interno, sino que, ante esta cruda realidad, y ante las pocas posibilidades para vivir dignamente, hay quienes al no ver su vida asegurada o protegida, se ven forzados a cruzar fronteras y solicitar protección internacional.

            De la misma manera que Guatemaltecos y Guatemaltecas se desplazan en busca de protección y seguridad, personas provenientes de otros países han visto a Guatemala como una posible alternativa para restablecer su vida, como un país que les puede garantizar una vida digna. Vienen huyendo de múltiples vejámenes y buscando alivio ponen su confianza en el estado Guatemalteco.

            Cabe destacar que Guatemala se adhirió a la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados en 1983, al igual que a ambas convenciones sobre apatridia en 2011.  Desde ese momento Guatemala quiere solidarizarse y hacer cumplir los acuerdos emanados de dichas convenciones, y toma para sí la gran y seria responsabilidad de colocar el tema en la agenda nacional.

            Para hacer eficaz lo firmado y ratificado, en el 2003  se constituyó  una Comisión Nacional de Refugiados, compuesta por un representante del Ministerio de Gobernación, un representante del Ministerio de Relaciones Exteriores, un representante del Ministerio de Trabajo y Previsión Social, un representante de la Dirección General de Migración, y un representante de la Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).

            En las atribuciones de la Comisión Nacional de Refugiados se incluyen: formular políticas públicas en materia de protección y asistencias a los refugiados; determinar la condición jurídica de refugiado; velar por la capacitación de los funcionarios responsables sobre las medidas de protección y asistencia a refugiados y solicitantes de asilo.

La Pastoral de Movilidad Humana de la Conferencia Episcopal de Guatemala, en honor a nuestra vocación cristiana de  anunciar el evangelio, defender la dignidad humana, denunciar los abusos y atropellos a personas migrantes y refugiadas, y sobre todo tratando de ser fieles al llamado a la caridad y al servicio  nos preocupa sobremanera las causales de la violencia, pobreza e incluso miseria que muchas familias enfrentan a diario.  

Nos sigue preocupando lo que acontece con la comunidad Tierra y Libertad, son más de 160 personas que fueron refugiadas y ahora retornadas desde Bolivia y ubicadas en Río Dulce, Livingston, Izabal. De igual forma nos preocupan las condiciones que enfrentan quienes retornaron de México en febrero del presente año a “Nueva Esperanza, Peten.”

Como cristianos no podemos obviar, ignorar, callar ni permanecer indiferentes ante realidades  sociales y económicas excluyentes, empobrecedoras,  que objetualizan y desplazan al ser humano como un medio e instrumento para otros fines de mercadotecnia y acumulación de recursos y riquezas.  Esta violencia estructural condena al ser humano a desplazarse y buscar mecanismos de sobrevivencia, a buscar mejores condiciones que garanticen una vida digna y segura.

            La Pastoral de Movilidad Humana como agencia socia del Alto Comisionado de las Naciones Unidas, urge a realizar una evaluación a conciencia de los avances, de los desafíos y sobre todo de lo que aún queda por hacer para garantizar que el Estado de Guatemala responda de manera eficaz a las demandas de la población solicitante de asilo y de la población refugiada.

            De acuerdo a los archivos de esta Pastoral, actualmente en Guatemala hay 159 personas refugiadas reconocidas. En el 2012 se presentaron 29 solicitudes de asilo, se reconocieron 12 casos y se abandonaron 17. En lo que va del año 2013 van 12 solicitudes. El número de solicitantes provenientes de países de América Central – particularmente de los países del llamado “triángulo norte” – ha aumentado debido a los altos niveles de violencia y criminalidad en toda esta región.

        Hacemos del conocimiento público, que las personas refugiadas en Guatemala están enfrentando situaciones muy difíciles: falta de acceso a servicios básicos, educación, salud, trabajo, registros públicos tales como el RENAP; aunado a esto el documento de identificación de los refugiados no presenta las medidas básicas de de seguridad y no es reconocido por diversas instituciones. 

             Queremos en este evento escuchar los testimonios de personas refugiadas. Ellas nos ofrecerán un acercamiento a la realidad que nos sigue desafiando. Haremos memoria del pasado, y sobre todo cuestionaremos nuestras conciencias de lo mucho, poco o nada que nos importa sobre la realidad que encaran día a día nuestros hermanos y hermanas refugiadas y solicitantes de asilo.

            Manifestamos que como Iglesia, esta comisión seguirá en la total apertura para el diálogo crítico, respetuoso y propositivo con Instituciones no gubernamentales,  gubernamentales y personas de buena voluntad para el bien de las personas solicitantes de asilo y personas refugiadas. 

Juan Luis Carbajal Tejeda, cs
20 de Junio 2013
Día Mundial de las personas Refugiadas.
Guatemala, CA.