Palabras del Sr. Rector de la USMA, Ing. Juan Planells Fernandez. VIII Encuentro Regional PMH

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Quiero a nombre de la comunidad universitaria darles la más cordial bienvenida a la universidad católica de Panamá. Ustedes nos honran con su presencia;  y a la vez nos ofrecen  la oportunidad  de cumplir con nuestra misión de buscar la verdad y de gozar en su búsqueda,  esto es, la meta agustiniana del gaudium de veritate.

En este caso, convocados sobre un tema como el de las migraciones,  que ha sido objeto de nuestro análisis como parte del diálogo de la Iglesia con la cultura de su época, investigando en cada momento de la historia de la humanidad el signo de los tiempos. La protección al  extranjero continúa ocupando, desde el Caín errante hasta nuestros días, los esfuerzos por conciliar  los obstáculos en la lucha por la unidad de la comunidad humana.

A partir de la ética del Antiguo Testamento reflejada en el Código de la Alianza, que exige ayudar al extraño hasta la Declaración de los derechos humanos de las individuos que no son nacionales de los países que viven,  adoptada por la Asamblea General de Naciones Unidas en su resolución 40/144, de 13 de diciembre de 1985, la memoria de la sociedad registra continuas violaciones que han escrito lamentables capítulos de injusticia social caracterizado por el trato inhumano que se ha brindado a los extranjeros.

La mayor incongruencia de esta situación está en el hecho de que la mayoría de estas migraciones, tienen su origen en cuestiones sociales, políticas, económicas y, últimamente, se han incrementado con mayor virulencia y crueldad, las que se originan por motivos religiosos. Todas esas causas son una clara contradicción al sentido que, desde el surgimiento de las religiones monoteístas, ha sido su entendimiento de la humanidad: todos los hombres y mujeres de la tierra somos hermanos, porque somos hijos del mismo Dios.

Recientemente los medios de comunicación en nuestra región  revelaban los abusos cometidos contra miles de cubanos que huían de las condiciones políticas y económicas a las que estaban sometidos en su país de origen, y que se unían a los más de dos millones y medio de compatriotas que han corrido el mismo destino desde la implantación de revolución cubana, colocando al país como el líder en número de desplazados en la región centroamericana y del caribe, seguido por el salvador con 1.3 millones.

Por otra parte, con el proceso de globalización, el tema está adquiriendo proporciones alarmantes y la Organización Internacional para las Migraciones  denuncia que entre 1960 y el 2000 se registraron más del doble de migrantes en el mundo en comparación  con períodos anteriores.

A través del problema social de la migración y de las injusticias que se cometen contra la dignidad de la persona humana asociadas al mismo, también podemos en la universidad analizar el tema de la interpretación caprichosa de los principios de la globalización, que mientras por una parte libera las fronteras para el comercio de bienes y servicios, por la otra cierra los caminos para la movilidad de las personas, poniendo barreras y construyendo muros donde deberían estarse armando puentes, como bien reclama nuestro papa Francisco.  Tal parece que cada vez nos alejamos más del concepto de unidad de origen, de fe y de destino del género humano que la Iglesia proclama, y que se desconoce la primacía de la persona sobre todas las cosas.

Esta universidad, por su muy especial condición de ser católica, a la vez pública y privada, está en las mejores condiciones para un análisis desinteresado de la verdad, pues no se subordina ni condiciona por intereses particulares de ningún tipo.

Este encuentro, si cabe, adquiere mayor relieve tomando en cuenta que se lleva a cabo en un tiempo de gracia dentro de la Iglesia, como es el Año Jubilar de la Misericordia. El lema de este Año de la Misericordia es «Misericordiosos como el Padre», extraído del evangelio de Lucas 6, 36, que refuerza el nombre de la Bula papal en la que se anuncia el gran acontecimiento eclesial “Misericordia vultus”, es decir el rostro de la misericordia que es precisamente Dios, y es lo que se nos pide, en la medida de nuestra posibilidad humana, hacer nuestro y reflejar en nuestras vidas ese rostro misericordioso de Dios. Este es nuestro gran reto y el reto de todos los cristianos: trabajar siempre por llegar a ser misericordiosos como nuestro Padre es misericordioso. Y en eso estamos todos comprometidos.

Una vez más les agradezco  su presencia entre nosotros que viene a reforzar el carácter católico de la USMA, y nos alimenta y estimula para continuar nuestra misión de buscar la verdad.

MUCHAS GRACIAS