UTOPIAS

p1130666A quienes se aventuran a soñar la Justicia y un mundo mejor.
A mis hermanos Scalabrinianos

 

Es de sorprender que a lo largo de la historia muchos hombres y mujeres hayan soñado  con un mundo mejor, con un pueblo, ciudad, comunidad, república ideal.

Pero ¿será posible transformar el curso de la historia? ¿Cómo transformar nuestro mundo? ¡Oh paraíso perdido! ¿Hasta cuándo?

            ¿Le daremos la razón a Aldous Huxley cuando escribió en la introducción de su libro Un mundo Feliz que la revolución verdaderamente revolucionaria se realizará no en el mundo exterior, sino en el alma y el cuerpo de los seres?

            El ser humano de por si es soñador.

            Y soñadores los ha habido siempre, esos utopistas visionarios, desde Hipodamo de Mileto, Platón, Hesiodo, Virgilio y Ovidio; San Agustín, Tomás Moro, Francis Bacon, Cirano de Bergerac; hasta los de nuestra época. Tantos y tantas que han perdido  (mejor dicho que han ganado) su vida, defendiendo un sueño que a duros esfuerzos quisieron hacer realidad.

            De ahí la Edad de Oro, La República, La Ciudad del Sol, Utopía, La ciudad de Dios, La Nueva Atlántida, Bensalem, El Otro Mundo, Un Mundo feliz, Sión, La Nueva Jerusalén, El Reino de Dios.

            Yo también soy un soñador y les comparto porque creo que también muchos de ustedes lo son. Como cristianos soñamos con un Reino de Justicia, de Paz, de Fraternidad. Como Scalabrinianos Soñamos con un mundo sin fronteras, donde todos seamos ciudadanos de una misma casa y de un mismo Reino.

            A veces parece llegar el cansancio, la desesperanza, se corre el riesgo de caer en el pesimismo, a ese pesimismo de Gulliver, quien llega a estar asqueado de la raza humana a la cual pertenece. Porque  ¿En dónde están esas ciudades que el mal no toca? ¿Donde las ciudades de vidrio irrompible? ¿Dónde el mundo sin fronteras? ¿Dónde el reino de Dios?

El Reino de Dios es construible, lo podemos construir día a día.

            Las personas migrantes necesitan constructores de lazos de unidad, de fraternidad y de amistad. Ellos luchan por sus sueños.

            Nuestro fundador, el Beato Juan Bautista Scalabrini, tuvo un gran sueño, y nosotros somos parte de ese sueño.    Él dijo:

            “Mientras el mundo está deslumbrado por su progreso… mientras las naciones desaparezcan y surjan y se renueven ellas mismas, mientas las razas se mezclen, se extiendan y se fusionen, a través del rugir de nuestras máquinas, mucho más allá… un mundo más vasto, más noble y más sublime se está desarrollando aquí en la tierra”.

            ¡Esto es tener sueños!

Que no se nos acaben los sueños, que ellos nos estimulen e impulsen a utilizar nuestro ser, nuestra presencia, palabras, manos. Los sueños por el Reino, nos inducen a accionar a favor de los más desprotegidos, de los rechazados, de los “condenados” por los demás.

Que no se zanjen los sueños, que podamos experienciar un mundo mejor, más humano y justo, donde las personas migrantes sean tratadas con justicia. Donde el Reino de Dios sea  sentido y palpado en esta tierra.

Que los sueños nos den luz que permita reconocer dónde está la injusticia en la vida privada y en la vida pública.

Día Nacional del Migrante.

Juan Luis Carbajal Tejeda.